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Arte por y con Vistara Krukenberg

Pinturas-Instalaciones-Cursos

El asombro como motor de indagación

Mi práctica artística y profesional nace de una disposición constante a desplazar la mirada: cambiar de perspectiva, acoger lo que aparece y dejarme movilizar por el asombro. Desde ahí, investigo cómo nos percibimos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.

En este recorrido se entrelazan la expresión plástica, el movimiento corporal y el mundo emocional. No concibo estos lenguajes como compartimentos aislados, sino como vías complementarias para explorar la experiencia humana y sus múltiples formas de expresión.

Entiendo el arte como una forma de desarrollo personal y la vida cotidiana como un campo fértil de creación. A través del juego, la pintura y los procesos participativos, genero espacios de encuentro, aprendizaje y exploración compartida, donde lo incierto puede abrir nuevas posibilidades de percepción, relación y transformación.

Mi pintura comienza donde termina el plan: cuando la técnica se agota y emerge el acontecimiento. No sigue un rumbo fijo, sino que se deja llevar por el gesto, el impulso y la fisicidad del proceso. Habita un espacio entre el control y el caos, donde lo irracional, lo intuitivo y lo gestual se entrelazan.

El trazo, cercano al garabato o al balbuceo, desafía la escritura ordenada y convierte la superficie en un campo de ritmo y movimiento. El color, en estado puro y vibrante, actúa como fuerza emocional que sostiene la obra desde dentro. Sobre fondos erosionados aparecen signos inestables, vestigios de un pensamiento en transformación.

En mi pintura, busco que escritura y gesto se fundan en una poética del accidente y del silencio: una forma de pensar con la mano.

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 Dialéctica visual: la tensión como origen 

Trabajo desde los principios de la dialéctica, integrando opuestos —forma y fluidez, orden y accidente, certeza y duda— para revelar la potencia creativa del conflicto. En mis composiciones, la estructura se encuentra con el gesto espontáneo, y de ese cruce emerge una estética orgánica, vital y en movimiento. 

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 la tensión compositiva es un eje central, evocando el dramatismo del nuevo expresionismo. No se trata de una organización armónica o equilibrada, sino de una energía contenida que recorre la superficie pictórica: contrastes violentos de color, trazos abruptos, fragmentación del espacio y una constante fricción entre lleno y vacío, en cuál olas de actividad amenazan constantemente la paz.

 El caos fértil y la estética del error 

Mi obra abraza el error, la torpeza y lo incierto como territorios fértiles de creación. Frente a una cultura que glorifica la perfección, mi lenguaje visual apuesta por lo imperfecto como verdad. El accidente se vuelve protagonista, el proceso más importante que el resultado. 

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 El valor de las preguntas 

No busco dar respuestas cerradas, sino abrir un espacio para lo desconocido. Mi obra propone una pausa: un lugar donde habitar la incertidumbre, observar sin juicio, y permitir que el asombro vuelva a ser un modo de conocimiento. Desde allí, todo puede comenzar de nuevo. 

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Talleres de Arte

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